jueves, 18 de diciembre de 2008

En busca de la reflexión zincera

Mucho hay sobre la hipocresía y el miedo a ella, miedo a ser mentido, a ser engañado. Y es que este mundo se encuentra lleno de personas enmascaradas de sus sentidos. ¿Es a consecuencia de la desobediencia de esos dos seres llamados, Adán y Eva? que a raíz de su pecado sintieron vergüenza y es por ello que a cada momento tendemos a ocultarnos? Ocultar verdades, ocultar sentimiento, ocultar el cuerpo, ocultar el alma. 
Sentidos enmascarados por petición propia. 
Tenemos miedo al engaño, pero nosotros mismos nos engañamos y engañamos a los demás. ¿Quién no usa desodorante o se lava los dientes, o es amable, o se cubre el cuerpo por el frío o come cosas estéticamente aceptables, o oculta sentimientos buenos y malos hacia situaciones o personas?
Mucho se critica nuestra profesión por ser un oficio de manipulación y de engaño más que de información. Vendemos ilusión, pero ¿realmente la damos? Alguna vez me llegó a indignar eso de las verdades ocultas, pero hoy le he encontrado el lado positivo. Y es que ¿qué pasaría si fuéramos sinceros y diéramos y recibiéramos lo que es justo en todos los sentidos?
Hablo de esto porque ayer abrí mis sentidos y exploré. 
Abrí tanto los poros, los oídos, la nariz, la vista y paladar que terminé asustada. Son experiencias de cuentos y de novelas de fantasía, que en algún momento quisiera experimentar. Lo que sé hoy es que en esta sociedad, en esta ciudad y en este momento, abrir los sentidos es cuestión de miedo. Si estuviéramos dispuestos a la honestidad a recibirla y darla creo que sería un caos. Un mundo lleno de inseguridad, miedo y responsabilidad. 
Si abrimos lo ojos a esta realidad y vemos lo que realmente existe, si fuéramos totalmente legibles, si la publicidad fuera sincera y fuéramos sinceros y recibiéramos lo que se nos pone en frente, seria un caos. 
Y es que sería de nosotros si pudiéramos oír lo que escuchan en sus cabezas y si ellos escucharan lo que nosotros oímos en nuestras cabezas. Si buscásemos oler lo natural, el sudor, el olor a muerte, sin desodorantes ni tierra… ¡cielos! ¿Y que? si viéramos el dolor y lo tomáramos en cuenta, si viéramos a la alegría y despertara la envidia.
Un mundo egoísta dicen algunos. 
Un mundo donde nadie le importa nadie pero… no lo creo así, buscamos ser legibles ante los demás, ocultando nuestros sentimientos por medio al rechazo o al abuso de lo que damos. Eso es respeto y amor. 
Egoísta seria ir por la vida opinando, diciendo, absolviendo y contaminándonos. No nos preocupamos por dar y dar, sin importar a quien comprometer o a quien dañar. 
Decir verdades sin causar dolores. 
Concluiré diciendo que hoy pensé en tí y busqué algo en mí, importante para dejar en tu memoria. 
Nuestra labor es bella. 
Es importante embellecer y exaltar las virtudes. Conservemos el respeto sin mentir pero juguemos el juego de la ilusión y el misterio con las verdades ocultas. Si esto hace felíz alguien empezando por nosotros mismos. ¡Hagámoslo!


Texto: Abril Zapote
Arte: Adrián Gamboa


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