miércoles, 17 de diciembre de 2008

Corazón Zincero

Había una vez en una ciudad donde la frontera es solo una muralla de fierros y alambres.
Un niño en un rincón, tomando sus cursos  escolares como lo hacían los demás alumnos.

Había una vez, en una ciudad donde la frontera es solo una muralla de fierros y alambres. Estaba en un rincón de esta, un niño tomando sus cursos escolares, como lo hacían los demás alumnos. 

La Maestra, era una señora vieja, gorda y frustrada. En su mano llevaba una regla métrica con la que azotaba ligera o fuertemente a los alumnos cada que les faltaba la tarea. Eran muy extensas, algunas veces sin sentido alguno. La mayoría de los pequeños solo se confundían al ver los listados extensos que apuntaba la maestra en el pizarrón y sufrían por que esta señora solo se sentaba a leer revistas de cultura barata que venden normalmente los puestos de las esquinas de la calle.

Adrián era un niño soñador, a tal grado de que la mayoría de las personas que lo conocían, creían que era autista. Sus viajes mentales eran prolongados y fantásticos; su mente avanzaba y avanzaba sin cesar, dejando todas las responsabilidades en su cuerpo humano.

-¡Adrián! – Era el fuerte grito que hacía que regresara con los ojos semi-llorosos de esas aventuras intensas que vivía el pequeño alumno todos los días entre 10 de la mañana y 12 del medio día. – ¡Ya te dije que te pongas a hacer tu tarea! - era la frase consiguiente que repetía diariamente este personaje nefasto que le otorgaron un título en Odontología, pero que por ser una persona cuadrada y frustrada, su capacidad solo le dejó el placer de torturar al futuro del país.

Un día algo nublado, la maestra llegó con singular carácter, dispuesta a maltratar alumnos y presionar al pupilo que mas le daba problemas por su poca apreciación a la autoridad: Adrián. – A ver mocoso tráeme tu tarea – mirando con esos ojos perversos que reflejaban años de traumas y fracasos, con un tono de tiranía y burla. Adrián se levanta de su pupitre, toma su libreta y como era de esperarse, la tarea estaba incompleta por el abuso de pedimentos del ogro que tenían por mentor.

-¡Eres un burro!-¡Eres un burro!- ¡ERES UN BURRO! le gritó sin cordura alguna varias veces, como si estuviera loca… 


El pequeño Adrián solo escuchó silencio…


El espacio se volvió negro… Nada, ni el sonido del chicle de menta abominante que masticaba diario la señora mientras leía los chismes del momento en sus gacetas y revistas usuales… 
Poca Luz… visión borrosa… Adrián empezó a abrir los ojos. Todos lo están rodeando.

Asustados, respirando rápidamente, haciendo gestos de miedo y asombro. La verdadera cara de pánico era de la maestra, que se comía las uñas una tras otra observando a Adrián

El niño cayó en cuenta que el impacto emocional que le causó su maestra al gritarle que era un burro, había provocado que se desmayara cayendo en suelo del sucio salón de clases. 

Se sintió mejor después de quedarse quieto, mirando los cuerpos al revés, nerviosos. Se endereza, y se levanta… -¿Que pasa?- pensó. - Soy mas chaparro que antes. Notó esto por que vio ligeramente hacia arriba al pequeño Juan, que le decían pulgarcito por ser el de menor estatura de la generación. 

-¿Por que están tan serios?- dijo con su voz de nene. La nerviosa Rita gritó desesperada y se fue corriendo cuando Adrián habló. La maestra seguía comiéndose las uñas al no tener nada que engullir. 

Adrián se empieza a acercar a la multitud, mientras esta le abre paso hasta toparse con una lamina de metal que tenían en la esquina del salón, que este casi, casi parecía un almacén viejo. 

-OH!- Exclamó. Cual fue su sorpresa, ¡se había convertido en un BURRO de verdad! No lo podía creer, las palabras de la maestra llegaron mas lejos de lo que ella misma hubiese creído… O tal vez la imaginación y los deseos de adrián lo llevaron a este momento inexplicable… Por una extraña razón, el pequeño se sintió feliz, no puedo decir si es por mente inexplicable o por sus gustos demasiado extraños para su edad; el caso es que no se cuestionó el ¿por que era así?.. Al contrario sintió algo que no tenía por su edad y su poca experiencia en la vida: FUERZA.

Inmediatamente se embistió hacia la persona que lo molestaba más que nadie y no permitía que fuese feliz en su presencia… Ya sabemos quien… La gorda que se seguía comiendo sus uñas por el miedo que sentía al ver a esta pequeña bestia enfurecida echársele a gran velocidad.
Adrián se acerca rápidamente, y como automóvil de cuarto de milla frena en seco, su cuerpo se da una vuelta tipo bombérica y queda posicionado con su reta guardia apuntando a la maestra. Inmediatamente todos abrieron campo; pero no se fueron, querían ser espectadores de esta batalla.

¡PUM! ¡Una patada increíble! Fue lo que el fuerte burrito blanco le dio al verdadero animal de esta historia… Despegada se fue desapareciendo de la vista de todos… -seguramente llegará hasta la luna- dijo Carlitos con sus comentarios agraciados pero algo impertinentes.

Al minuto mientras todos admiraban la transformación de Adrián, se acercaron las autoridades de la escuela, que se comportaban como la Santa Inquisición, martirizando a los pequeños inocentes y apoyando la fuerza opresora incorrecta. El Burro jamás permitiría que lo atraparan y sin pensarlo se aventó por una ventana quebrando hasta el marco viejo de madera que la sostenía. Cayó de costalazo en una banca vieja, también de madera; de esas que están hechas con tabla pequeñas pero largas. La banca estaba recién pintada de negro; por lo tanto el burrito quedó rayado como si fuese cebra… 

Todos los espectadores, ven como incansablemente desaparece en el horizonte el pequeño Burro Cebra, que por dejar volar su imaginación, convirtió en realidad sus fantasías. Sin importarle el que dirán y sin dejar que la falsa autoridad se imponga en su vida...


¿Que será ahora de ese Corazón Zincero?..


¿Tú lo haz sentido últimamente?.. 




Texto - Arte: Adrián Gamboa














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