Hace unos días al terminar de ver la película de Batman, por décimo novena vez, me puse a analizar la actuación del difunto Heath Ledger. A cuestionarme porqué es que veo su caracterización como suprema, y ¿cómo es que alguien llega a un nivel cercano a lo perfecto en esta vida?: La voz, la risa maniaca, los movimientos, la forma de expresarse. De principio a fin puedo decir que, (sincera opinión de su servidor) ha sido el mejor villano en la pantalla grande, con perdón del gran Hannibal Lecter de Sir (y casi “su majestad”) Anthony Hopkins, quién había sido hasta este año el Rey.
¿Qué es lo que hace que un artista llegue al momento máximo? Al momento de la calidad suprema. Y cuando digo artista, me refiero a cualquier persona capaz de realizar con gran habilidad algún tipo de actividad.
Desde un músico que dentro de su mente puede sentir y ver en cada nota la armonía de cada instrumento combinado formando una sinfonía que trascienda en el tiempo. Donde no son necesarias las letras para comprender la historia que se está contando. Donde en unos segundos te hacen sentir todas las emociones.
Una cultura como el arte del Bushido, con sus incansables guerreros, sin miedo a la muerte. Servidores de un ideal, dedicados enteramente a su arte, entregados a una vida de sacrificio, de lucha y de paz interior. Donde se pueda llegar a tal nivel de ver a tu enemigo como alguien de honor, respetable y entender que caer ante su espada, será la mejor manera de morir.
Hasta una convivencia casi imposible como la que se da en el Wat Pha Luang Ta BUA (wtf?!) o Templo del Tigre. Donde una religión puede hacer que las bestias más temibles caminen entre las personas y sean tratados como miembros de esa comunidad budista.
¿Y cuándo es que un profesionista en nuestro tiempo puede saber que ha llegado a la perfección? Sin duda alguna se comienza por el paso más difícil el cual todos coinciden: Una vida de dedicación y trabajo.
Cuántos de nosotros dejamos algún proyecto sin terminar. Cuántos de nosotros decimos al aire: “Me hubiera gustado hacer esto”, “Hubiera querido tomar clases de aquello”. Pero siento que por más motivación que haya, este nivel del que tanto hablo sólo lo logran las personas realmente excepcionales.
Como lo decía en un texto anterior, nosotros somos los que nos ponemos barreras. Pero así como nos podemos cerrar al mundo, podemos impulsarnos a lo más alto. Todos tenemos capacidades, todos nacimos para algo. Al final la diferencia la hacen la mayoría se quedan en el camino.
Texto - Arte: Said Basurto


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